
Resulta que estaba yo en mi habitación matando al tiempo a golpes de mata-moscas cuando entra mi padre. Después de diez segundos de conversación me niego a darle lo que me pide y su amenaza contra mi es:
-Esta aquí la yaya y no has salido a saludarla. A que la llamo!
No es extraño ver cuanto amor hay en mi familia, tanto que nos utilizamos entre nosotros para amenazarnos mutuamente. Es tan palpable que da hasta asco tocarlo.
Estoy deseando tener hijos, para que cuando se me rebelen, soltar al viejo senil y que les cuente batallitas o los deje sordos con un ataque combinado de televisión al máximo volumen y ronquidos con balas de
PD: Tras dos horas de cautiverio, he salido de mi escondite vivo y entero!




No hay comentarios:
Publicar un comentario