sábado, 23 de abril de 2011

Una imagen vale más que mil palabras, pero no más que la imaginación.


Jean-Baptiste Grenouille es una persona anónima, un monstruo y un genio a la vez. Tiene un don que pocos poseen, y eso le hace especial.
Este es un pequeño prologo sobre la vida de este muchacho, que sin saberlo, tiene el poder de dominar el mundo al alcance de su mano. Ese mundo que tanto odia.
Y es que Das Parfum (El Perfume) ha sido uno de esos libros que me atrajo nada más leer el titulo.
En realidad, no lo considero una obra magnífica. Es cierto que en algunos aspectos me he identificado mucho con el protagonista y en su visión del mundo, pero para ocupar un lugar en mi estantería de libros favoritos necesito una conexión más fuerte.
En esta novela se le da muchísima importancia al olor, y eso lo primero que me pregunté: ¿Cómo puede haber un libro que hable de perfumes y aromas? Se empezó a formar una pequeña decepción en mi. Pero nada más lejos de la realidad, esa decepción se transformo en admiración cuando el autor empezó a relatar los sentimientos, aspectos y sensaciones de cada olor y me hizo experimentarlos como si los tuviese delante.
Ese es uno de los pilares que sostiene este libro, y es que las descripciones que da son detalladas pero no llegan a ser pesadas, no solo de los aromas, sino de las personas y lugares. El narrador es una parte muy importante en el relato.
El otro pilar que forma la novela es la visión de Jean-Baptiste Grenouille, que no juzga ni culpa a nadie, se limita a seguir viviendo para conseguir su objetivo en un mundo de miseria. Y es la visión de este joven, tan objetiva, tan falta de sentimientos, tan limpia, que hace impresionante el texto.
Y lo que levanta el libro, echa por tierra la película. Estos dos puntos importantes de la novela (la descripción de los olores y de los pensamientos de Grenouille) se ven eliminados en la versión cinematográfica: los olores no se describen, y por lo tanto, parecen inexistentes, y los pensamientos de Grenouille no se relatan, mostrándolos al espectador con un escaso lenguaje no-verbal a través del mismo protagonista, haciendo justicia a la verdadera personalidad del personaje y siendo estos pequeños gestos casi imperceptibles.
Además, cosas subjetivas como la belleza o el miedo son distintas para cada persona y necesitan ser digeridos por cada uno personalmente. En la película, esto se da hecho, y los personajes que aparecen, que deben representar lo más bello del mundo, pueden serlo o no. Y es que un libro no se puede concentrar en minutos de película, porque no es solo palabras lo que hay en él, sino mucha imaginación.
Así que hago eco de uno de los mejores consejos que he recibido en toda mi vida: “Si vas a ver una película, primero léete el libro”



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