jueves, 16 de diciembre de 2010

Ocultando mi egoismo

Hoy he donado sangre.


Desde que me enteré del acontecimiento, entre en un debate interior sobre si debía hacerlo o no, pues tenía la duda de si me asustaba la sangre por acontecimientos del pasado que no quiero redactar.

No estaba asustado, simplemente me incomodaba.

Por suerte, otros asuntos ocupaban mi cabeza y me han distraído hasta el momento de hacerlo.
Lo he hecho influido por mi madre (donadora habitual) y para ponerme a prueba: uno de mis aspectos o características es la pasión por la sangre, y en un futuro tengo previsto trabajar con ella, así que decidí hacer este pequeño acto altruista para comprobar si seré capaz de soportarla.

El resultado ha sido positivo: en varias ocasiones me he mirado como salía mi sangre por el tubo, he visto como introducían la aguja y no he sentido nada. Incluso al salir de allí tenía ganas de volverlo a hacer, pero tampoco se trata de abusar.

De una cosa estoy seguro, y es que cuando pueda, volveré.
















No es equivalente, pero a mi me parece bien.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Pensando en alto #2

-No es que tropieze con la misma piedra, es que la estoy esculpiendo a patadas.



Amida reflexionando en el suelo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Si llama un extraño, apaga el teléfono.

Siguiendo con mi insaciable búsqueda de películas de terror, me encuentro con más pruebas de que este género está muriendo.

La siguiente víctima contra la que despotricaré es “Cuando llama un extraño”

Esta película (remake del mismo título de 1979) nos presenta a una joven de instituto, que se dedica a hacer de canguro, por amor al arte, en una solitaria casa perdida de la mano de Dios, cuidando a dos niños (que, sorprendentemente, no va a comprobar cómo están hasta pasada la mitad de la película. Vamos, que se gana todas las papeletas para ser la babysitter del año) y a una vieja senil (que no sale en toda la película). Esta ultima debería de estar atendida por la criada, pero esta se dedica única y exclusivamente a dar de comer a los peces y pájaros que hay en una enorme pecera en medio de la casa (si, he dicho pájaros en una pecera, ver para creer).

Retomando el argumento: resulta que nuestra protagonista recibe llamadas y llamadas y llamadas y llamadas (es necesario destacar este dato) de gente: de los padres de los niños, de su amiga rubia, de su amiga negra, del Telepizza… y de una misteriosa voz (que yo llegue a pensar que era su consciencia) que le pregunta por el estado de los niños, de cómo se encuentra, de si le ha bajado la regla…

Vale, eso último me lo he inventado

Total, que a la prota se le hinchan las pelotas de tanto coger el teléfono, y decide que cambiará el biberón por una silla de teleoperadora.

De mientras, el “acosador” sigue llamando por teléfono (ni los de telefónica, oiga!) y ella se sigue paseando por la inmensa casa, que nada tiene que envidiar a la mansión de la Familia Adams, teléfono en mano, gira cada esquina de esos interminables pasillos esperando que detrás esté su “compañero nocturno”, pero lo único que hay es otro pasillo de 20 metros de distancia.

Los primeros 20 minutos que pasa la chica dentro de la casa investigando cada habitación vas pensando: “Oh, en esa lavadora debe de haber una cabeza dando vueltas” o “ Ah! Debe de haber echado a la criada como comida para los peces” o “En esa casita de ahí debe de estar el hijo ahorcado”. Pero no, nada de eso ocurre, el “”asesino”” solo se dedica a molestar a la pobre estudiante, y la estudiante solo se dedica a comer polos.

Cuando quedan escasos diez minutos para el final de la película (y después de intentar asustarte con un perchero con sombrero o con una ducha abierta) empiezan a aparecer cadáveres (perdón por el spoiler, pero son dos) y gracias a esto, tu hipótesis de que el tio se ha equivocado de numero y está llamando a la niñata que no toca se desvanece.

Entonces aparece una figura en la oscuridad, que tiene a la protagonista delante, y que solo se mueve cuando esta la descubre y sale corriendo (vamos, que se la podría haber cargado, si es lo que quería).
Lo primero que piensas es: debe de ser otro perchero, y entonces se mueve. Por fin parece que vaya a haber algo de acción, pero nada más lejos de la realidad, a la primera puerta que encuentran, el “”asesino”” se ve incapacitado para atrapar a su presa (lo intenta, pero no puede) y esta huye.
Los minutos siguientes son de persecución por la mansión, la niña consigue reducir al acosador con una llave de Jincundo (Jin Jung Kwan) y ala, pa’ casita todo el mundo.



En resumen, una película con 4 actores y medio, centrada en la vivencia aburrida de una niñata en una casa desconocida, intentando crear suspense y sin resultado alguno. Y que no haya una ley que prohiba esto...


Pobrecillo, reducido por una niña de 17 años. Vaya asesino del tres al cuarto! ¿Lo ves? Pues así toda la pelicula!




Tengo ganas de que llegue ya el año nuevo! Que estas Navidades el regalo promete! (quien dice Navidad, dice Pascua)

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