De repente, pero sin pillarme de improviso, la moto choca contra mi lado del coche, el motorista cae y yo lo veo todo desde mi asiento de copiloto. No ha sido nada, la velocidad era mínima.
Antes de darme tiempo a reaccionar, mi compañero, soltando un sonido de sorpresa, en milésimas de segundo se libera del cinturón, pone las luces de emergencia y sale en su ayuda.
Cuando decido actuar (sin saber bien que hacer) la moto ya está en pie, el motorista anda cojeando y mi compañero está a su lado aguantándole el casco y hablando con él.
Así es como me sentí. Eso es lo que soy. Inútil.

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